miércoles, 23 de diciembre de 2009

— Honraré La Navidad con todo mi corazón y procuraré observar su espíritu todo el año. Viviré en el pasado, en el presente y en el futuro. Los espíritus de los tres actuarán dentro de mí. No cerraré los oídos a las lecciones que ellos me enseñen. ¡Oh, dime que puedo borrar lo que está escrito en esta lápida!

Angustiado, agarró la mano espectral. Ésta trató de liberarse, pero Scrooge encontraba fuerzas en su súplica, y la retuvo. El espíritu, más fuerte que él, lo rechazó.

Al alzar las manos en una última súplica para que alterase su destino, vio que la capucha y el vestido del fantasma experimentaban una transformación.

Menguó, se encogió y se redujo hasta convertirse en una columna de cama.

¡Sí! Y la columna de cama era suya. Y la cama era la suya, y suya la habitación. ¡Y lo mejor y más venturoso de todo era que el tiempo que tenía por delante, para enmendarse, también era suyo!

— ¡Viviré en el pasado, en el presente y en el futuro!

Cuento de Navidad
Charles Dickens

jueves, 5 de noviembre de 2009

Die Katze #011109


Viens, mon beau chat, sur mon coeur amoureux;
retiens les griffes de ta patte,
et laisse-moi plonger dans tes beaux yeux,
mêlés de métal et d'agate.
Lorsque mes doigts caressent à loisir
ta tête et ton dos élastique,
et que ma main s'enivre du plaisir
de palper ton corps électrique,
je vois ma femme en esprit.
Son regard, comme le tien, aimable bête
profond et froid, coupe et fend comme un dard,
et, des pieds jusques à la tête,
un air subtil, un dangereux parfum
nagent autour de son corps brun.


Ven, mi buen gato, sobre mi pecho amoroso;
retén las garras de tus patas
y déjame sumergirme en tus hermosos ojos,
en los que se mezclan el metal y el ágata.
Cuando mis dedos acarician a su antojo
tu cabeza y tu lomo elástico,
y mi mano se embriaga con el placer
de palpar tu cuerpo eléctrico,
veo a mi mujer en espíritu.
Su mirada, como la tuya, amable bestia,
profunda y fría, como un dardo, hiende y corta
y, de los pies a la cabeza,
un aire sutil, un perfume peligroso
flota alrededor de su cuerpo moreno.


El gato
Charles Baudelaire

viernes, 23 de octubre de 2009

Visiones de Arbórea #061204


Lejos de los rebaños, pinto. Gran arte occidental en perpetua decadencia desde hace mil años.
Odio los elogios y el dinero ya no me conmueve. Es evidente que yo no trabajo para ustedes, señores. Es más, nunca lo he hecho. Lo hago por interés propio.
Y el penoso espectáculo del rebaño de artistas pastando a la sombra de los ministerios de cultura. Vergüenza y dominación.
No hablemos de ello… Para ser artista en Occidente no hay que pasar cerca de las calles de los ministerios de cultura.


Cuadernos de África
Miquel Barceló

lunes, 19 de octubre de 2009

La casa de Guillermo Stein era la casa de la luz: nunca había visto tanta luz en una casa. El barrio de los Stein era un barrio de casas con jardín, un barrio que se asomaba al mar y de los muros de los jardines colgaba un incendio de buganvillas, unas cataratas verdes y blancas de las que saltaban a la calle los jazmines, las glicinias y las hiedras: las callejuelas empinadas del barrio de Guillermo Stein olían mejor que las tiendas de perfumería a las que yo acompañaba a mi abuela, tantos eran los perfumes de las callejuelas empinadas donde vivían los Stein. Y en las aceras había muchos pétalos y hojas verdes y amarillas, como si fuera el Corpus, y eso era por la lluvia, aunque aquella tarde sólo lloviznaba en el barrio de los Stein, por primera vez en muchas semanas sólo lloviznaba, sólo caía una lluvia muy fina y transparente, que apenas si calaba y la lluvia parecía un ejercicio de caligrafía sobre las páginas del aire.


El informe Stein
José Carlos Llop