martes, 25 de octubre de 2011

“¿Por qué algo de esa naturaleza (la intelectualidad) consigue mucho más respeto en París? Es difícil de imaginar a un director americano o inglés haciendo un film como Mi noche con Maud (1969), de Éric Rohmer, en el que Jean-Louis Trintignant, durante más de dos horas, no acaba de decidir si se acostará o no con Françoise Fabian, invocando en ese proceso todo tipo de cuestiones, desde la apuesta de Pascal acerca de la existencia de Dios hasta la dialéctica de la revolución leninista. Aquí, como en tantas otras películas francesas, la indecisión, más que la acción, es la que impulsa la trama. Un director italiano habría añadido sexo. Un director alemán habría añadido política. Para los franceses, con las ideas es suficiente.”

“El refugio de la memoria”
Tony Judt

jueves, 13 de octubre de 2011

sábado, 3 de septiembre de 2011

“En el calor de la pelea, y tratándose de matar enemigos, yo era insensible hasta en mis propias heridas; pero concluida, y reflexionando a sangre fría la falta de unos de mis valientes y el padecer de otros, no dejaba de afectar mi sensibilidad, y aun me lamentaba de los padecimientos de mis contrarios, arrastrados a un fin tan lastimoso por la desdichada ambición de su emperador.”

Memorias de un guerrillero (1808-1814)
Francisco Espoz y Mina

jueves, 1 de septiembre de 2011

Quietud #020811


“La institutriz se levantó y vio a las cuatro chicas alejarse en dirección al arroyo. Miranda caminaba un poco por delante de las demás, deslizándose entre las altas hierbas que acariciaban su falda; la seguían Marion e Irma, cogidas del brazo, y Edith cerraba la marcha, tropezando cada pocos pasos. Cuando alcanzaron la mata de juncos que delimitaba el lugar en que la corriente cambiaba de curso, Miranda se detuvo, volvió su magnífico rostro, y sonrió gravemente a Mademoiselle, que le devolvió la sonrisa. Y luego se quedó allí, sonriendo y saludando, hasta que las niñas se perdieron de vista tras girar en la curva.
Mon Dieu... —exclamó mirando al vacio—. ¡Ahora me he dado cuenta!”

“Picnic en Hanging Rock”
Joan Lindsay

lunes, 4 de julio de 2011

In-Quietud #210611[1]

“Como auténtico viajero, nada lo puede decepcionar. Como Goethe, se dice: el disgusto también forma parte de la vida. «Las costumbres de países extranjeros me producen placer sólo por su diversidad. Cada costumbre tiene su razón de ser. Me da igual que me sirvan en platos de estaño, de madera o de arcilla, que la carne esté hervida o asada, caliente o fría, con mantequilla o con aceite, que me den aceitunas o nueces». Y el viejo relativista se avergüenza de sus compatriotas, prisioneros de la ilusión de que deben criticar toda costumbre extranjera que no coincida con las suyas tan pronto salen de su pueblo, de su elemento. En el extranjero Montaigne quiere ver lo extranjero —«no busco un gascón en Sicilia, ya tengo bastantes en casa»— y procura evitar a sus compatriotas, a quienes conoce hasta la saciedad. Quiere juzgar, no prejuzgar. Entre otras cosas, Montaigne nos enseña también a viajar.”

Montaigne
Stephan Zweig