sábado, 3 de septiembre de 2011

“En el calor de la pelea, y tratándose de matar enemigos, yo era insensible hasta en mis propias heridas; pero concluida, y reflexionando a sangre fría la falta de unos de mis valientes y el padecer de otros, no dejaba de afectar mi sensibilidad, y aun me lamentaba de los padecimientos de mis contrarios, arrastrados a un fin tan lastimoso por la desdichada ambición de su emperador.”

Memorias de un guerrillero (1808-1814)
Francisco Espoz y Mina

jueves, 1 de septiembre de 2011

Quietud #020811


“La institutriz se levantó y vio a las cuatro chicas alejarse en dirección al arroyo. Miranda caminaba un poco por delante de las demás, deslizándose entre las altas hierbas que acariciaban su falda; la seguían Marion e Irma, cogidas del brazo, y Edith cerraba la marcha, tropezando cada pocos pasos. Cuando alcanzaron la mata de juncos que delimitaba el lugar en que la corriente cambiaba de curso, Miranda se detuvo, volvió su magnífico rostro, y sonrió gravemente a Mademoiselle, que le devolvió la sonrisa. Y luego se quedó allí, sonriendo y saludando, hasta que las niñas se perdieron de vista tras girar en la curva.
Mon Dieu... —exclamó mirando al vacio—. ¡Ahora me he dado cuenta!”

“Picnic en Hanging Rock”
Joan Lindsay

lunes, 4 de julio de 2011

In-Quietud #210611[1]

“Como auténtico viajero, nada lo puede decepcionar. Como Goethe, se dice: el disgusto también forma parte de la vida. «Las costumbres de países extranjeros me producen placer sólo por su diversidad. Cada costumbre tiene su razón de ser. Me da igual que me sirvan en platos de estaño, de madera o de arcilla, que la carne esté hervida o asada, caliente o fría, con mantequilla o con aceite, que me den aceitunas o nueces». Y el viejo relativista se avergüenza de sus compatriotas, prisioneros de la ilusión de que deben criticar toda costumbre extranjera que no coincida con las suyas tan pronto salen de su pueblo, de su elemento. En el extranjero Montaigne quiere ver lo extranjero —«no busco un gascón en Sicilia, ya tengo bastantes en casa»— y procura evitar a sus compatriotas, a quienes conoce hasta la saciedad. Quiere juzgar, no prejuzgar. Entre otras cosas, Montaigne nos enseña también a viajar.”

Montaigne
Stephan Zweig

jueves, 23 de junio de 2011

Grün #210611

“El proyeccionista enseñaba el proyector a los niños, que daban vueltas alrededor del coche del hombre igual que peonzas, con los ojos llenos de entusiasmo y sin apartar la vista del aparato ni por un momento. Alguno ya había dicho que de mayor quería ser proyeccionista, así viajaría en coche de un lado a otro y vería todas las películas”.

Purga
Sofi Oksanen